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MNTV:: Críticas Internacional NORAH JONES - The fall

NORAH JONES - The fall

 

- Por Manu Grooveman -

 

Decir a estas alturas de la película que Norah Jones no es precisamente la alegría de la huerta suena tan de Perogrullo que puede resultar insultante. En efecto, la hija de Ravi Shankar – maestro del sitar y padre espiritual de los Beatles más psicodélicos- se erige como la melancolía personificada. Pero es que, en esta vida, tiene que haber sitio para todo. Y hoy toca ponernos tristes.

 

Poseedora de una personalísima voz, de timbre arenoso y cadencia sedosa, pausada, como un reloj de arena, despliega sus dotes majestuosas para ralentizar el tiempo y fotografiar sensaciones. Norah Jones se adentra en las entrañas, te roba el alma, se apodera de ella y, con suerte, la libera en un indeterminado lugar donde se mezcla la emoción con el sollozo. Al fin y al cabo, no hay nada como tocar fondo para empezar a recuperarse.

 

 

The Fall, su último disco producido por Jacquire King (Tom Waits o Kings of Leon), se presenta como la banda sonora ideal para las lánguidas tardes de otoño, la caída de las hojas, los paisajes de color ocre y la inevitable pérdida de luz. Los estados emocionales perennes ahora se transforman en caducos. Es un álbum para degustar poco a poco, para desgranar lentamente, como las capas de una cebolla. En definitiva, una lista de canciones para poner en el modo shuffle del Ipod y dejarse asombrar con cada nueva escucha.

 

En lo estrictamente musical se aprecia una evolución en el predominio de las guitarras, sobre todo acústicas, con respecto al piano. Aunque sigue siendo fundamentalmente jazz -o soft-jazz como lo han dado en llamar algunos-, en The Fall también hay blues, country, folk e incluso rock. Las letras, son de una brillante desnudez, de una inspirada sencillez. Sin rodeos, sin grandes metáforas.

 

“Chasing pirates”, tema que abre el disco, presenta un ritmo entrecortado para crear un efecto desconcertante, como si las pistas del Pro Tools se hubieran descuadrado de repente. El resultado es interesante y, desde luego, sorprendente para un primer single. Algo muy distinto a lo que nos tenía acostumbrado Norah.

 

Con ‘Stuck’ y la preciosa ‘I wouldn´t need you’ se acerca al folk-rock en lo que bien pudiera ser un homenaje al Harvest de Neil Young. En ‘It’s gonna be’ y ‘Young blood’ acelera unos puntos el ritmo, lo cual siempre se agradece ante la supremacía de los tempos adagio y andante.

 

Pero es en las distancias cortas donde Norah Jones gana y hasta enamora. En este disco hay tres temas que destacan por encima del resto. ‘December’ con su aire decadente y nostálgico; el ragtime bluesy, ‘Man of the hour’, interpretado a piano y voz, que  transporta inmediatamente a un café de carretera de cualquier autopista perdida del medio oeste de los Estados Unidos.

 

Y el tema decisivo del disco: ‘Back to Manhattan’.  Una balada eterna de recuerdos de juventud (a pesar de nacer en Nueva York, Norah Jones vivió toda su niñez y adolescencia en Texas, volvió a Manhattan con 20 años para lo que iban a ser unas vacaciones cortas, pero se quedó definitivamente allí). Un corte que representa la quintaesencia del sonido Norah Jones y reúne todas sus virtudes. El ‘Don’t know why’ de The Fall, un vals con esencia country que remueve (y conmueve) el corazón, que corta la respiración, máxime si uno ha estado previamente en Nueva York. La ciudad de los rascacielos tiene nuevo himno.

 

 

Versión en directo de Back to Manhattan:

 


Comentarios
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Miriam   |83.43.7.xxx |2010-09-30 18:01:31
Haces ke apetezca escucharlo, aunke sólo sea para sentir esa melancolía una sola vez.
Great Manu!
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